abril 23

Cuentan que en el año 2000, cuando el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa era un político en ascenso y Presidente de la Asamblea de California, fue invitado a cenar a casa del empresario mexicano Carlos Slim, se le pidió, como mexicano-estadounidense, que explicara en pocas palabras,
la diferencia que había entre México y Estados Unidos.

Esto fue lo que contestó Villaraigosa: “Mire usted, es muy simple, si mi familia se hubiera quedado a vivir en México, el día de hoy yo estaría sirviendo esta cena.” Y si hubiera estado en los EEU..


*Quizá hubiera sido el caso del astronauta José Hernández Moreno, quien nació el 7 de agosto de 1962 en French Camp, California. Es estadounidense. Sus padres originarios de un ranchito llamado Ticuitaco, cerca de La Piedad, Michoacán, México, migraron a Estados Unidos, como ilegales, para emplearse en la recolección del tomate y el pepino.

El propio José Hernández trabajaba todos los veranos en el campo, recuerda cuando un día estaba limpiando con azadón una fila de remolacha y escuchó en un radio que Franklin Chang Díaz había sido seleccionado como astronauta, la noticia lo motivó y ese día dijo: “Yo quiero viajar al espacio.” José Hernández lo logró.

Estudió ingeniería, alcanzó el grado de doctor, ingresó a la NASA , se preparó y por fin el 29 de agosto de 2009 despegó como parte de la tripulación del transbordador espacial Discovery, en una misión en la Estación Espacial Internacional.

Pero., ¿qué hubiera hecho José Hernández si su familia se hubiera quedado en México? Es claro que no habría alcanzado su sueño de volar al espacio. Los futuros posibles de José Hernández  están en la estadística de tantos mexicanos pobres, campesinos, de Michoacán y de otros estados del país, que no tienen opciones y su futuro es muy limitado.

Difícilmente hubiera pasado de la primaria. Estadísticamente hubiera abandonado la secundaria y por supuesto su educación hubiera sido de muy mala calidad.

Quizá se hubiera quedado a sembrar su tierra, lo que le hubiera garantizado un futuro de miseria, con ingresos inferiores a los dos dólares al día.

Quizás hubiera emigrado a la ciudad, con la secundaria inconclusa, si es que conseguía trabajo, sería jardinero, mesero, obrero en una maquiladora, trabajador de la construcción o conductor de microbús.

Pero la familia de José Hernández no se quedó, emigró como tantas otras y le dio a su hijo la posibilidad de alcanzar un futuro totalmente distinto. El contraste de ingresos y de oportunidades entre México y Estados Unidos es tan grande, que por eso México sigue y seguirá siendo por muchos años un país expulsor. Un país del que se han ido ya millones de personas.

Para darnos una idea, hoy radican en USA cerca de 12 millones de personas nacidas en México, el 10% de la población total de México.

Es aquí donde aparece la incongruencia que enoja, que debe enojar, cuando el gobierno y los políticos mexicanos tratan de convertir a la historia de José Hernández en un cuento de orgullo nacional, donde aparece el cuento del astronauta mexicano y nos inventan la historia de superación personal de un
mexicano, como si fuera de verdad un logro nacional.

En cuanto apareció en el radar la historia del astronauta José Hernández, de inmediato se activaron todas las maquinarias de la propaganda y el marketing gubernamentales, en el Congreso de la Unión y del Ejecutivo Federal se movilizaron las agendas y los medios para de capitalizar al máximo al
supuesto astronauta mexicano.  El objetivo: convertirlo en orgullo nacional, pues ante la falta de triunfos reales, cualquier gol de la selección, medalla, ó premio de literatura es bueno para levantar el ánimo y la moral nacional caídas en un país en crisis, complicado y muy emproblemado.

Calderón, personalmente paseó a José Hernández por el país, lo convirtió en súper estrella, hubo entrevistas en los medios, visita al Congreso, homenajes, políticos que querían retratarse con él, regalos, las llaves de la ciudad, plaza con su nombre y sobre todo.. discursos, muchos discursos.
Discursos que hablaban una y otra vez del orgullo nacional, de la superación personal y de la capacidad de los mexicanos.

Pero la realidad es otra, aunque nos duela, José Hernández no es un orgullo nacional. Su historia de éxito no es nuestra historia de éxito y menos una historia de la que pueda sentirse orgulloso nuestro gobierno o nuestra clase política. El  es estadounidenses y tiene raíces mexicanas, tiene acceso a la
nacionalidad mexicana, por derecho de sangre, y él mismo se identifica mucho con nuestra cultura. Pero ese no es el debate, pues la historia del astronauta José Hernández es totalmente estadounidense. El mérito es de otro sistema. José Hernández se hizo en otro país, con otras políticas públicas, con otro gobierno y con otras leyes. En todas las imágenes vimos a un miembro de la fuerza aérea estadounidense, enfundado en su uniforme azul, portando con orgullo la bandera del país que le dio la oportunidad de tener la educación de calidad, la salud, las condiciones y el ambiente de libertad necesarios, para alcanzar sus metas.

Inventar el cuento del astronauta mexicano por parte del gobierno, es como robar un pedacito de gloria.

Mendigar triunfos ajenos. Usurpar éxitos imposibles, en un país que no atina el rumbo para convertirse en serio en un México ganador.

El Presidente de México Felipe Calderón dijo en uno de los homenajes: “la brillante historia de vida de José Hernández es y debe ser un ejemplo para los mexicanos.” ¿Lo dice en serio? ¿Cuál es el ejemplo Señor Presidente? ¿Irse? ¿Nacer en Estados Unidos? ¿Migrar? ¿Qué las familias mexicanas migren a tiempo? ¿Hacerse norteamericano? ¿Buscar allá las oportunidades que no se tienen aquí?

La historia de éxito de personal de José Hernández, es al mismo tiempo la historia del fracaso de la política económica, de la política social y de la política exterior del gobierno mexicano. Es la historia del fracaso de éste y de varios gobiernos mexicanos.

Su historia debería darle vergüenza a una clase política incapaz de ponerse de acuerdo y de generar un proyecto de nación para los millones de José Hernández que están repartidos por todo el país, y que no quieren ser astronautas, millones de mexicanos a quienes sólo les bastaría con poder
comer, con tener un mínimo de salud, un piso que no sea de tierra o saber leer y escribir.

José Hernández dijo en una entrevista: “Lo que me sorprendió mucho es cuando vi al mundo como uno: no había fronteras, no se podía distinguir entre Estados Unidos y México”, pero lo cierto es que sí existen las fronteras. Su familia cruzó una de ellas de manera ilegal. Lo cierto es que sí existen las
banderas y las diferencias. Sí existe una frontera que hace a dos países muy distintos.

*La lección es muy clara: si José Hernández se hubiera quedado en México, quizá hoy estaría sirviendo la cena…