mayo 20

¿No les ha pasado que: se levantan un dí­a cualquiera con la sensación de bienestar y a pesar de que en el transcurso del dí­a las cosas no salen como lo planeabas?, sabes que todo esta bien, que no podrás arreglar el mundo, pero no te aferras a querer hacerlo, si no que haces tu parte y estas contento por ello? Les ha pasado? Bueno, creo que así­ me he sentido en estos días, creo mucho tiene que ver la actitud con la que tomas las cosas, a final de cuentas, la forma en que enfrentamos las cosas es parte de nuestra definición de persona, no solo lo que hacemos importa, a veces importa mas el “cómo” lo hacemos; pues bien, es asi como me siento ahora, y lo mejor de todo es que pude provocar sentirme asi, ya no se trata de depender de factores ajenos a mi, puedo propiciciar en mi mismo ese cambio.

Casualemente de lo que hablo escuche una fabula que dice mas o menos asi:

Una niña huérfana que no tenía familiar o persona alguna que la quisiera. Cierto día, mientras caminaba por la vera del río sintiéndose más triste y solitaria que de costumbre, observó una pequeña mariposa atrapada cruelmente en un espino. Cuando más luchaba por liberarse, más laceraba su frágil torso. Con delicadeza, la huerfanita liberó a la mariposa de su cautiverio. Esta, al verse libre, en vez de emprender el vuelo se convirtió en una bella hada. La jovencita no podía creer lo que veían sus ojos.
El hada bondadosa le dijo a la niña:
“Para agradecerte por tu maravilloso gesto, te concederé cualquier deseo”.
La pequeña pensó un momento y le contestó:
“Deseo ser feliz!”
“De acuerdo”, dijo el hada inclinándose para hablarle al oído, y acto seguido desapareció.
A medida que la pequeña fue creciendo, en toda la comarca no se encontraba una persona más feliz que ella. Todos deseaban conocer su secreto. Ella se limitaba a sonreir mientras decía: “Yo sólo escuché las palabras de un hada cuando era pequeña”.
Cuando ya era anciana y estaba en su lecho de muerte, todos los vecinos se arremolinaron a su alrededor, deseosos de hacerse a su fórmula maravillosa de la felicidad antes de que muriera. “Por favor, cuéntanos”, le rogaban, “cuéntanos lo que te dijo el hada”.
La bella anciana sonrió y contestó:
Me dijo que cada persona, por más segura de sí misma que pareciera, o por más joven o vieja, rica o pobre que fuera, necesitaba de mí”.