mayo 17
Por muy sugestivo que pueda parecer el titulo no se trata de enamorarse de mujeres de complexión robusta, si no de un sueño parecido a la obra de Herman Melville, Moby Dick, en donde que dejo de ser yo por un instante para ser un testigo fantasma de una bella y triste historia cortada (por un mensaje de celular al empezar el dia a mitad del suceso), Una historia de amor con un final triste, se sitúa en una isla por rumbos noruegos, en un pueblo pesquero a finales del siglo XIX, es acerca de una pareja que se aman en demasía.

El es de pocas palabras, alto, de complexión robusta, barba espesa y rojiza, con mirada profunda, a pesar de llevar el nombre de Morgan todo el pueblo le conoce como “roble”. ella es Sarah, delgada y pelo largo, lacio, negro como la noche, grandes ojos y una sonrisa sincera; se conocen desde niños y desde niños han vivido el uno para el otro.

Su casa no es diferente a las del pueblo, salvo que se encuentre en la cima de una colina, cerca del acantilado, él, como el resto de los hombres del pueblo, se dedica a la actividad pesquera, si no es reparando botes es haciéndose a la mar por largos periodos. Ella, heredera de los secretos de la cocina marítima de su abuela, trabaja en la fonda del pueblo, pero gusta en sus ratos libres pasear por la playa y escribir poemas, la mayoría de ellos inspirados por la relación con el roble, cada que escribe uno, aguarda la llegada de su amado para que sea el primero en leerlos, él se complace en oírla, y basta verla a lo lejos para cambiar su duro semblante y fuerte mirada por una sublime expresión.

El dinero no abundaba, ya que el dominio de la familia Chase, dueños de mas de la mitad del pueblo y monopolizadores de casi todas las actividades económicas, bajo la mano dura del señor Owen, viejo cascarrabias, imitando el mejor estilo del señor Scrudge, hace trabajar a su gente en pesadas jornadas; corroído por un malsano deseo hacia Sarah, forza a roble a incrementar la caza de ballenas en temporada de huracanas, deseando no regrese y poder cortejar a Sarah.

Así, en la madrugada del 27 de Agosto de 1891 zarpan del puerto con destino incierto, a pesar de la tormenta que se avecina ella va a despedirlo al muelle, luciendo un largo vestido color verde esmeralda; el vestido con su impermeable y sombrero la abraza con todas las fuerzas que sus brazos tienen y la delicadeza que su corazón le brinda, como si calladamente se despidiera de por vida de ella.

El mar hizo su parte, la fuerte tormenta levanto olas que azotaron el barco destrozándolo en mil pedazos y su tripulación es ahogada en ese mismo lugar. Nadie le ha avisado a Sarah, nadie tiene noticias del barco o la tripulación, ella aún le espera, ocasionalmente cambia sus paseos en la playa por ir al muelle y hurgar el horizonte anhelando ver arribar el barco de su amado. Pasa el tiempo, ella aun abriga la esperanza de volverlo a ver, tiene tanto que contarle, le ha escrito, lo extraña.

Lo ultimo que recuerdo, antes de despertar es estar en el interior de su casa, ya no soy un testigo fantasma, pero estoy consciente de lo sucedido, ya vacía, pero ella escribió un enorme poema en las paredes de la casa, de madera y enormes ventanas con una escueta y desgastada pintura verde, lo que ahí escribió estaba tallado con algunas herramientas de él, la letra es pequeña, pero legible, toda la casa esta llena de lo que ella escribió, no había muebles y era media mañana, la luz alcanzaba a entrar por las grandes ventanas y se leía en ese poema su amor por el, pero daba una gran tristeza, que era inevitable enrojecer los ojos y asomar un par de lagrimas al ir recorriendo esas letras y sentir su pesar.

El resto ya se lo imaginan, un mensaje de texto a celular es la delgada linea que separa el sueño de la realidad, mientras contesto, trato de ubicarme en uno u otro lado.