abril 22

Llegando tarde y a estar de pie un rato para disfrutar del son cubano, yucateco, trova y trio con el grupo Yahal Kab, formado por elementos yucatecos y cubanos, tenian buen sonido, tocaron canciones clasicas: cienfuegos tiene su guaguanco, amor de loca juventud, el beso discreto, chan chan, amor verdadero, pero la neta fue cuando interpretaron lagrimas negras.

De origen indiscutible de la salsa, el son es un género que nació en Cuba y que ha definido más que ningún otro la música afroantillana. Sus orígenes se remontan cuando menos al siglo XVIII y son una muestra fehaciente de la fusión de las culturas españolas y africanas en el Caribe.


El instrumental del conjunto original de son, se integra de bongós, maracas y claves en la parte percusiva; de un instrumento hecho de una caja de madera al cual se le añaden unos flejes llamado marímbula, que hacía las veces de bajo; de una guitarra tradicional que llena la secuencia armónica y de un tres, instrumento derivado de la guitarra, que desempeña la labor melódica y de contrapunto a las voces y que más que ningún otro ejemplifica el sonido tradicional del son cubano.


Es sobre esta base instrumental que los cantantes desarrollan las más diversas temáticas, desde canciones patrióticas y políticas, hasta temas humorísticos o románticos, que siempre sabían salpicar de un sabor muy caribeño.


El son comenzó su auge como música popular urbana, alrededor de los años 20, cuando las primeras grabaciones ayudaron a respaldar la popularidad de grupos como el Sexteto Habanero o el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. Es a Ignacio Piñeiro que debemos, entre otros, el famoso son titulado “Échale salsita”, señalado por todos como el primer ejemplo del uso de la palabra “salsa” para la música antillana, además de la inclusión del primer instrumento de aliento en el conjunto de son: una trompeta, que desempeñaba el papel de instrumento solista, o como contrapunto para el cantante.


En la década de los cuarenta, Arsenio Rodríguez, conocido como “El ciego maravilloso”, expande la instrumentación tradicional al añadirle una tumbadora y otra trompeta, con lo que crea el conjunto clásico de son, que sería la base para los grupos de salsa de los sesenta, los cuales solamente intercambiaban, en algunos casos, el par de trompetas por un par de trombones. Las composiciones de Arsenio, además, se han convertido en clásicos ejecutados en múltiples versiones por los conjuntos de salsa, de todas partes del globo.


En la actualidad, el son sigue estando lleno de vida, ya que orquestas de todo el mundo lo siguen ejecutando, ya sea en su versión actualizada de salsa, o de una manera tradicional pero siempre llenando al mundo de ese sabor tan peculiar que sólo el son puede brindar.

La fiesta no acabo ahi, bass and drum aguardaba en el Praja, divertido los primeros quince minutos y algo plano el resto de la noche, pero aun asi, cada experiencia, ha dejado un buen sabor de boca en este trotamundos.

El Drum’n’bass, a veces conocido como Jungle, es un estilo de música dance, de formas rítmicas rápidas y sincopadas, basadas fundamentalmente en el dancehall reggae, el raggamuffin, el breakbeat y el Hip hop.


El drum’n’bass tiene tantas facetas rítmicas que puedes bailar de formas muy diversas. Unos bailan al ritmo de la línea de bajos, otros al son de la percusión, también al tempo (velocidad o bpm’s) o al ritmo de los stabs. Se trata de una danza frenética y libre en la que todos los músculos se activan y descargan, y en la que sobresalen los breakdance y bailes de ballet minimales y acelerados.


Bajos subsónicos, breakbeats y creación digital. En un principio derivado del Acid House y el Hardcore, después Artcore, después Raggajungle, después la oscuridad con el Darkstep, después el bajón de la escena, después el resurgir, y el Hardstep y el Techstep y el Jazzstep, junto con el Liquidfunk, el Jump up, etc. Aunque al principio (1992-93) el tempo era de unos 140 bpm’s, éste fue acelerándose y actualmente llega a 170-190 bpm’s (…)


El Drum’n’Bass es caos versus control; programaciones y beats futuristas, que se expanden y se contraen, se ocultan y explotan, para generar una respuesta física total en los dancefloors